Hoy, 3 de diciembre, es el Día Internacional de las Personas con Discapacidad y creo que este día debiera dejar de existir... Si la discapacidad es un producto social derivado de la falta de adaptación de las estructuras sociales a las necesidades de las personas con discapacidad (PCD), más que existir un día conmemorativo y de exigencia de los derechos de este colectivo podría pensarse en que se creara un día Contra la Ideología de la Normalidad (haciendo uso de la bella expresión de el grupo de investigación de la UNER[1]).
Poner el énfasis en un día en que desde lo simbólico se invitara a este desplazamiento de la mirada de la persona con discapacidad a la sociedad discapacitante tendría un efecto más contundente y permitiría desmantelar la verdadera raíz del problema: la ideología de la normalidad. Ella atraviesa todos los cuerpos (con y sin discapacidad) y es la regla que mide y delimita a unos cuerpos que se alejan de los criterios de productividad y flexibilidad establecidos por el modo de producción capitalista, como "anormales", "fallados", "enfermos" y tributarios de asistencia médica y social.
Más allá de la ratificación de la Convención Internacional de los Derechos de las Personas con Discapacidad y su reconocimiento como ley en nuestro país, la persistencia de leyes de discapacidad heredadas de la dictadura militar, ciñen y configuran a la discapacidad como secuela médica a rehabilitar, y, estos esquemas de percepción se plasman en las mentes y en las cosas. De ahí la enorme dificultad de desterrar la idea que reduce a la discapacidad a ser un enfermo pobre merecedor...
"¿Quieren ustedes, lectores normales, ayudar verdaderamente a un lisiado? No lo miren con lástima" (Club Marcelo J. Fitte, 1958: 60)
Una postal para recrear qué dificil es garantizar este cambio de percepción de la discapacidad en ausencia de reformas estructurales... El 1 de diciembre asistí junto a la Asamblea Autoconvocada de Ramsay a una movilización a la Plaza de Mayo en la que se lucha por defender y sostener una mirada social de la discapacidad, construida por las personas con discapacidad motriz que fundaron el campo del deporte adaptado. Ellos, hace 60 años atrás, agrupados en el Club Marcelo J. Fitte, adelantándose al modelo social de la discapacidad, construyeron una mirada que llamaba la atención sobre una sociedad que excluía a las personas con secuelas de polio y exigirían la inclusión a través del trabajo y la educación. El deporte, desarrollado desde el 56 en el espacio de la Comisión Nacional de Rehabilitación del Lisiado, por los miembros del Club Marcelo J. Fitte y un grupo de internos del IREL dirigidos por el Prof. Mogilevsky, devendría una instancia privilegiada para demostrar a la sociedad que las personas con discapacidad podían ser "útiles", que no eran enfermos ni tributarios de pena, que si se creaban los medios para integrarse, se podía "convivir sin molestar" (en sus palabras). Este modo de ser construido por las propias personas con discapacidad se refleja en la categoría que ellos utilizan para definirse: "rengos". A través de esta noción se hace referencia al modo de andar promovido por las secuelas de polio asociado a cierta cojera y uso de bastones canadieneses, y, asimismo, como modo de generar la atención de una sociedad que condenaba a la muerte social a las personas con secuela de polio. Históricamente el campo del deporte ha funcionado como un espacio en el cual se promueve que las PCD se despojen de la identidad devaluada que la mirada médica hegemónica de la discapacidad promueve -e insisto, las políticas de estado crean- y adquieren una identidad autónoma, desligada de una mirada trágica o asociada a la idea de enfermedad. Reivindicando la persistencia de la conservación del ámbito de recreación y deporte del Servicio Nacional de Rehabilitación como "Club", cuestión que se ve amenazada por una serie de medidas y omisiones que parecerían correr lo deportivo a lo rehabilitatorio.
Luego de explicar lo que para este colectivo significa "El Club" ante un grupo de vendedores ambulantes que muy solidariamente abrieron su espacio de reclamo compartido con los maestros frente a la Legislatura porteña a los “rengos”, uno de ellos señaló algo así como que "era muy importante apoyar en la lucha y que este grupo era un ejemplo que enseñaba a todos, ya que estas personas con problemas luchaban por su salud"... Al oir esto pensé: no entendió nada… ¡ellos no tienen problemas de salud y ese es uno de los puntos más interesantes que se pone en discusión con excusa del deporte! El enojo no explica, y la indignación tampoco. Lejos estoy de pensar de la mala voluntad de este hombre. Como socióloga sólo puedo detenerme a pensar por las causas materiales y simbólicas que hacen que sea tan difícil desocultar el carácter naturalizado de la discapacidad como problema orgánico, localizable en un déficit corporal. Una posibilidad para comprender este juicio tributario de conmiseración, es pensar que evidentemente es tan fuerte el arraigo que tiene la conceptualización de la discapacidad como tragedia médica individual porque comprenderla en estos términos ocluye el conflicto y permite seguir pensando que el problema es del otro y de su déficit, recluído en la fantasía del acercamiento al cuerpo normal. La presencia de un cuerpo discapacitado, reclamando su derecho en tanto sujeto a tener un espacio de socialidad no médico, es completamente perturbadora para la ideología de la normalidad inscripta en los esquemas de percepción. Y enhorabuena la incomodidad y la resistencia existencial que encarnan este grupo de personas con discapacidad, que, escapando a los mandatos de resignación impuestos por la crisis de la política salen al espacio público a exigir, como hace 60 años atrás, que la sociedad no les tenga pena y que garantize la inclusión!!
En 1958 los miembros del Club Marcelo J. Fitte dicen:
Aclaramos que no deseamos protección ni amparo, ni subvenciones pasivas que nada solucionan en el fondo, y sí buscamos, en cambio la adopción de medidas activas que favorezcan nuestra rehabilitación absolutamente integral y que se posibilite nuestro derecho a trabajar, estudiar y capacitarnos como ciudadanos. Darnos las facilidades y la oportunidad para arribar a esa meta es la mejor contribución que se nos puede hacer (Club Marcelo J. Fitte, 1958: 2).
Este pedido de no pena y la exigencia de deshacerse de una imputación de menoría de edad está viva hoy en todas aquellas personas con discapacidad que pese a la existencia de múltiples barreras materiales y simbólicas, procuran llevar a cabo una vida "normal".
Creo que es hora de dejar de ocluir el conflicto por refugiarnos en esa pretendida y prometida normalidad, dejar de creer que los problemas de reconocimiento de la dignidad de las personas con discapacidad se derivan de problemas de falta de conciencia de la ciudadanía e indicar el real carácter político e ideológico del problema. “Desnaturalizar el déficit”, tal como invitan a hacer los amigos de la UNER[2], y propiciar el desarrollo de aquellos espacios en los cuales esto se lleva a cabo, como por ejemplo el espacio deportivo, tal vez sea un primer paso para abrir los esquemas de percepción a ese Otro que no es ni enfermo, ni pobrecito, ni anormal, ni estúpido, ni fallado sino que presentifica el destino de exclusión que esta sociedad impone a aquellos que escapan al cuerpo legítimo.
Pd.: Para leer más sobre un Análisis de las prácticas discriminatorias a las personas con discapacidad en base a las categorías de lo normal y lo patológico: http://www.ufpe.br/ppgs/images/pdf/os_84_-_corpos_em_concerto_2a._revisao.pdf.